Proceso de trabajo escritor

El proceso de trabajo. Las cuatro escritoras que hay en mí

Ahora mismo estoy sentada ante el teclado teniendo conversaciones mentales al más puro estiloGollum, en mi caso a cuatro bandas. Las cuatro escritoras que hay en mí luchan por tomar el control.

“Que no cunda el pánico”, me digo a mí misma. Respiro hondo. Menos mal que siempre me ha gustado montar y desmontar mis pensamientos como si de un LEGO se tratara, así que ya nos vamos conociendo aquí dentro. La clave es ir paso a paso, adjudicar una misión a cada una de las vocecitas de mi cabeza, ponerlas a hacer su trabajo y saber callarlas en el momento preciso.

Paso uno: atrapar las ideas

Este es el terreno de mi yo idealista. La defino como una soñadora incorregible. Mi debilidad. Vive con la mente alejada de la realidad imaginando nuevos escenarios. Es la más ocurrente, por eso la tengo entre algodones y me cuesta no ceder a sus caprichos en todo momento.

Pero no es coser y cantar, no. Si la dejo a su aire el resultado es un cuaderno tras otro lleno de apuntes que pasado un tiempo quedan olvidados en cajones o debajo de otros cuadernos. Jamás se centra en nada. El mero hecho de pensar nuevas ideas la deleita pero no necesita llevarlas a cabo.

Ahí es donde tengo que decir basta, porque si quieres escribir tienes que hacerlo literalmente y con ella no hay manera. Suele estar tumbada en una hamaca con un cuaderno y un bolígrafo, meciéndose y canturreando. Digamos que pasar a la acción no es lo suyo.

Paso dos: habla mucho que no te escucho

Una vez pasada la diversión toca ponerse manos a la obra. Entonces inevitablemente es cuando aparece La Censora. Es un auténtico grano en el culo -tenía que decirlo-, pero ahí está y es tan parte de mí como las otras. Escucho su vocecilla diciéndome: “Uhm, no sé… ¿Crees que es buena idea? ¿No querrás hacer el ridículo? Si a la gente no le gusta te vas a sentir fatal, lo sabes ¿verdad?…”

Es la que cuando estás a punto de hacer clic en el botón de “Publicar” te arrebata el ratón y te ruega que lo dejes un poco más en estado de borrador.

Me recuerda lo bien que escriben otros bloggers y pone esa cara, ya sabes, las cejas levantadas y la boca fruncida, mostrando incredulidad, dando a entender que no les llego ni a la suela de los zapatos. Lo dicho, un grano en el culo. No queda otra que taparte los oídos e ignorarla.

Fase tres: manos a la obra

¡Bien! Aquí llega mi yo entusiasta. Hacedora por excelencia. Entra en escena y con un golpe de cadera manda fuera a La Censora mientras agita la hamaca de La Idealista. ¡A trabajar!

Se sienta frente al ordenador. Tendrías que verla, su rostro es todo concentración, todo energía. La electricidad pasa de sus dedos a la página y escribe una línea tras otra sin pensar. Es la que consigue cosas, la que actúa. Intrépida aunque también volátil. Ahora mismo está ahí y al rato se ha marchado y no sabes cuando volverás a verla.

Lo bueno es que siempre termina regresando para hacer su magia. No tiene filtro, escribe lo que le viene a la mente. Lo importante para ella es echarlo fuera, expresarse a toda costa. Simplemente se aferra a una idea y la exprime hasta que no puede más. Eso sí, no le pidas que sea lógica, ni siquiera coherente. Sus palabras son diamantes aún por pulir.

Fase cuatro: orden en la sala

En este punto debería aparecer la última de las cuatro. Mi yo perfeccionista ha estado ahí todo el tiempo, loca por interrumpir a La Entusiasta mientras escribe. No soporta la verborrea imperfecta de su compañera y apenas logra aguardar a que acabe.

Cuando La Entusiasta termina al fin y suspira mientras hace crujir, satisfecha, las articulaciones de sus dedos La Perfeccionista casi la empuja para apartarla del ordenador y sentarse en su lugar.

Es su momento. Corregir, cambiar el orden de los párrafos, matizar, borrar, añadir información relevante, evitar repeticiones… Todo eso que parece aburrido pero que a ella tanto le gusta.

Sin embargo, su actitud es bastante neurótica. Nunca es suficiente. Puede llegar a releer un texto diez o veinte veces y seguirá cambiando expresiones o tachando frases. Es necesario pararle los pies, y no es nada sencillo.

La Perfeccionista es la más dura de roer porque, aunque eficiente, también es una gran aliada de La Censora.

Fase cinco: el descanso del guerrero

Por eso llega el momento de olvidarse de todo y hacer otras cosas. O simplemente descansar.

Como una tarta recién hecha, un texto será más sabroso si se deja reposar como mínimo una noche. Después de ese tiempo se le puede echar un vistazo rápido y hacer cambios de última hora. Ojo, nada en profundidad. Solo chapa y pintura, es decir, ponerlo bonito para que resulte apetecible. Esto no debería de llevar más de unos minutos. Lo siguiente es cerrar los ojos, publicar y voilá.

Como puedes ver la escritura es una actividad por tiempos. No te recomiendo escribir en el momento de tener ideas ni corregir en el momento de escribir.

Lo que sí sé con seguridad es que cuanto menos caso le hagas a tu censor interno más vas a disfrutar y con mejor resultado.
Domar a las cuatro fieras no es fácil. Pero la práctica ayuda, así que a por ello.

¿Cómo es tu proceso de trabajo? ¿Sufres también de múltiple personalidad? Cuéntamelo en los comentarios.

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1 comment on “El proceso de trabajo. Las cuatro escritoras que hay en mí

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