La historia de Marta

La historia de Susana

Susana tiene 36 años y la vida le va bien. Pero ni se imagina que este mismo fin de semana su percepción sobre ello va a cambiar por completo gracias a un pequeño acontecimiento.

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De lunes a viernes Susana trabaja como administrativa en una clínica dental. El ambiente allí es bueno. Se lleva bien con sus compañeros y hasta con su jefe. En cuanto al sueldo, no es para tirar cohetes pero en los tiempos que corren es más de lo que tienen muchos.

La pega que le ve es que su trabajo a menudo le resulta aburrido. Siempre organizando las citas de los pacientes, las facturas, los cobros, buf…

Sin embargo su vida personal es muy satisfactoria. Lleva con Gorka ya doce años y son padres de Ibon, un nene precioso de tres, rubio como su abuela -parece que ese gen en su familia salta dos generaciones-.

Lo único de lo que se lamenta algunas veces es de no tener suficiente tiempo para ella entre el trabajo, el niño, la casa…

Últimamente está un poco estresada por el tema de la mudanza. Acaban de comprar un piso cerca de los padres de Gorka, que cuidan de Ibon mientras ellos trabajan, y aunque ya viven en él todavía no han terminado de instalarse. Esto a Susana le pone de los nervios e intenta, sin mucho éxito, ser paciente.

Pero hoy se siente contenta. Claro, es viernes. Esta tarde Gorka será quien recoja a Ibon en casa de sus padres. Es que Susana ha quedado con unas amigas para ir de compras y tomar algo. Está cansada pero hace tiempo que no las ve así que tiene muchas ganas de ponerse al día.

Aprovechando un rato de tranquilidad en el trabajo mira blogs de moda y piensa: “Esta tarde me voy a comprar unos zapatos. No es que los necesite pero… no tiene nada de malo darse un capricho de vez en cuando”.

Horas más tarde, después de haberse comprado además de los zapatos un bolso y unos vaqueros, sus amigas le cuentan cotilleos y juntas se ríen del reality de turno. Cuando llega a casa está tan cansada que picotea algo rápido en el sofá mientras Gorka y ella ven la tele.

El sábado, como tenía previsto, se levanta pronto para seguir ordenando cosas de la mudanza mientras Gorka lleva a Ibon al parque. Tiene la sensación de que el cáos no va a terminar nunca.

Abre con desgana un par de cajas y comienza a sacar su contenido. Pero algo que encuentra en una de ellas cambia por completo sus planes.

En el fondo de una bolsa llena de retales descubre el viejo costurero de su abuela: una caja de madera decorada con flores ya desdibujadas y el interior forrado de terciopelo verde. Ni siquiera lo recordaba. Casi le da un vuelco el corazón.

Dentro del costurero todavía están los hilos, dedales, las tijeras que su abuela utilizaba e incluso el alfiletero, confeccionado con el mismo terciopelo y algunos alfileres aún clavados.

En ese instante los recuerdos la golpean. Imágenes de cuando su abuela le enseñó a coser y de cómo hacían juntas vestidos para sus muñecas. También le viene a la mente su sueño de convertirse algún día en modista e incluso diseñadora…

¿Cómo había podido olvidar que se quedó con el costurero cuando la abuela murió?

Pasa un buen rato admirando, limpiando y ordenando los útiles de costura. Enfadada consigo misma decide que va a retomar su afición para, de esa forma, nunca olvidar a su abuela.

De repente, ya no le importa la mudanza, el desorden ni los montones de cajas.

Cuando Gorka e Ibon regresan la encuentran ensimismada ante la pantalla del ordenador. Lleva horas buscando información en internet y ha encontrado algunos blogs que la han fascinado. Junto al teclado hay un cuaderno con varias páginas llenas de anotaciones.

Susana se vuelve hacia Gorka y con los ojos secos por no parpadear y una gran sonrisa le dice: “Voy a hacer un blog de costura en homenaje a mi abuela. Así que necesitaré tiempo para mí, al menos un par de días por semana”. Gorka se queda de piedra.

Al día siguiente no se siente como otros domingos, con un cierto bajón por tener que volver a la rutina semanal. Está ilusionada, tiene mil ideas en la cabeza y un montón de cosas por hacer: descargar wordpress y pensar en un nombre para el dominio, buscar fotografías de su abuela para ilustrar el blog, averiguar en cuál de las cajas está su cámara de fotos, empezar a escribir contenidos…

Susana acaba de recuperar una pasión olvidada y ha caído en la cuenta de que los últimos años ha estado viviendo en piloto automático.

Ahora tiene un proyecto en el que cree y una historia que contar: la de su abuela que continúa en su propia historia. De algún modo sabe que es importante que siga adelante con ello. Esto cambiará su realidad.

***

La historia de Susana es ficción. Pero está basada en muchas historias reales parecidas. Cuando vas por la vida sin un propósito terminas como un autómata sin sueños y ni te das cuenta. Hasta que un pequeño detalle se convierte en el punto de inflexión que lo cambia todo.

Por eso hay que estar atento a las pequeñas señales ya que son las que guiarán el camino hacia tus sueños.

¿Y tú? ¿Tienes alguna historia parecida a la de Susana? Yo sí pero como ya me he enrollado demasiado en este post, si te parece, te la cuento otro día con más calma.

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