atrapar las ideas

El arte de cazar mariposas. Cómo evitar la escasez de ideas

Cuando pienso en la forma en la que surgen las ideas no puedo evitar imaginar a un naturalista caminando por el bosque, cazamariposas en ristre, persiguiendo a una enorme y poco común mariposa blanca.

No es nada fácil atraparla. El naturalista tiene que seguirla a cierta distancia sin perderla de vista y esperar al momento adecuado, a que el insecto decida posarse sobre una superficie firme.

Entonces, con mucho cuidado y respeto se acerca y pone la red sobre la mariposa.

Ya la tiene. ¡Eureka!

Las ideas son igual de escurridizas. No esperes que se posen sobre la palma de tu mano cuando tú lo deseas. Tampoco que aparezcan precisamente mientras estás sentado frente al ordenador.

Sería demasiado sencillo, ¿no crees?

El buscador de ideas, como el naturalista, debe calzarse las botas, coger su cazamariposas -en tu caso cuaderno y bolígrafo- y salir fuera a explorar.

Las ideas son impredecibles. Les gusta el movimiento y, para nuestra desgracia, les gusta jugar con nosotros al escondite.

Seguro que te suena lo de que a algunos las mejores ideas se les ocurren en lugares como el cuarto de baño, en la ducha, conduciendo… Eso tiene un motivo. En dichos lugares tu mente se abstrae y dejas de pensar. Corroboro que es cierto, al menos en mi caso. Por eso lo de llevar siempre una libreta o las notas del móvil a mano. Sí, también al váter.

Pero a veces sucede que se te echa encima la fecha de publicación o se trata de una mariposa muy difícil de atrapar. Entonces aparece la urgencia, la frustración y la maldita voz en tu cabeza que en segundos la llena de los típicos pensamientos auyentamariposas.

Lo siguiente es ansiedad y como consecuencia bloqueo.

En esas circunstancias no hay quien pueda abstraerse y dejar la mente en blanco. Lo intentas. Tratas incluso de practicar meditación pero no hay manera. Ni una sola mariposa en un kilómetro a la redonda. ¿Qué hacer?

No te recomiendo que te quedes mucho tiempo en ese estado de quiero y no puedo. Y, por si lo estabas pensando, desconectar viendo la tele no sirve como terapia de choque, te lo aseguro. Salir a tomar cervezas tampoco. Después es mucho peor.

Vas a tener que detener el bloqueo con métodos más eficaces. Te propongo tres:

Deporte

No me canso de decirlo, aun a riesgo de parecer una vigoréxica loca: el ejercicio es la forma más rápida y eficaz de resetear la mente. Haz lo que te más te guste: correr, bailar, andar en bici, deporte en grupo… Después de tres cuartos de hora tu cuerpo habrá hecho callar a tu mente y podrás escuchar las ideas sin ruido de fondo.

Tras el conveniente estiramiento y la ducha te sientes como un aprendiz de monje budista en conexión directa con tu parte creativa. Cansada pero receptiva.

Un largo paseo

Esta es la versión tranquila de hacer deporte. Elige un recorrido que te resulte agradable y no demasiado duro. A mí me gusta caminar con mis perros por los alrededores del monte Malmasín o dar un paseo urbano por los márgenes de la ría de Bilbao. Ponte música si quieres y camina hasta que notes que tus pensamientos se expanden y se diluyen. No menos de hora y media.

Te aseguro que funciona. A menudo me ha pasado que hasta he tenido que recurrir a la grabadora del móvil para capturar las ideas apresuradas que se me ocurrían durante la caminata.

Un rato entre amigos

No hay nada mejor para vencer el bloqueo que olvidarse de una misma y escuchar a los demás.
Pero vigila que las personas con las que pases ese tiempo de desconexión te aporten motivación y energía positiva. Ya habrás oído hablar de la gente tóxica. Huye de ellos sin dudarlo.

Rodéate de tus iguales, quienes te comprenden y apoyan. Hasta puedes preguntarles su opinión y pedir sopitas. Las personas sabias saben pedir y aceptar ayuda.

En fin, lo que quiero decir con todo esto es que el mejor antídoto contra la escasez de ideas es moverte y salir de casa.

Haz como haría el naturalista apasionado por su trabajo: observa, respira y siente hasta que te encuentres con la gran mariposa blanca y… ¡Zas! Hazla tuya.

El mejor alimento para las musas es precisamente ese: pasión, observación o escucha y movimiento.

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