Productividad feliz

Los globos desinflados y el arte de la productividad feliz

Hay una mujer en mi trabajo, Carmen, que siempre va de un lado a otro repitiendo: “Es que no llego, no llego…”. A simple vista parece que hace un millón de cosas. Sus tacones resuenan por toda la oficina y siempre está hablando sobre las tareas que tiene entre manos mientras echa pestes de todo el mundo.

A ese tipo de personas les llamo “los globos desinflados”. ¿Sabes cuando hinchas un globo y justo al intentar hacer el nudo se te escapa volando? Son exactamente igual. Se levantan cada mañana, hinchan el globo pero no atan el nudo, así que pasan el día girando sin control mientras se desinflan. Por la noche caen agotados en sus camas.

No hay duda de que han estado en movimiento. Pero ¿realmente han sido productivos? ¿Y felices?

Un rasgo característico de Carmen es que no deja de pregonar todo lo que hace, por lo general en tono de queja. “Tenía que haber entregado esto ayer pero resulta que Fulanito se ha retrasado y ahora me toca correr a última hora, como siempre. Si está claro. Cuando las cosas no dependen de una…”

Con discursos de esta clase intenta demostrar su eficacia y competencia culpando a otros de sus errores. Lo que no cuenta es que cuando llega a su casa se siente sin energía y con un humor de perros. Allí se desinfla del todo entre más quejas y solo la televisión la mantiene presente.

Yo la observo. Se cree competente, incluso superior. El resto somos una panda de vagos que perdemos el tiempo conversando, dejando que se nos escape el metro -total, pasa otro en cinco minutos-, sacando el móvil para hacer una foto solo porque la luz es bonita. Piensa “¿Quién tiene tiempo para eso?”

Ni siquiera es consciente de que existe una manera diferente de ser productivo. Yo lo llamo productividad feliz. Y no, no tiene nada que ver con las imágenes que aparecen en google cuando haces una búsqueda -personas trajeadas con smilies tapando sus caras-. Ni siquiera tiene que ver con mi empleo nutricional.

Y ¿Sabes qué? Lo descubrí gracias él. Durante unos cinco años la situación de la editorial en la que trabajo fue desastrosa. Nos encontrábamos con algún despido cada seis meses. En todo ese tiempo redujeron la plantilla a la mitad.

Un día me propuse dejar de esperar pasivamente a que sucediese lo inevitable. Me dije: “Si la siguiente eres tú tienes que hacer algo con tu vida”. Quería formarme, iniciar un proyecto en Internet, limpiar las telarañas de mi creatividad. Quería escribir y hacer las cosas que me gustan pero… No llegaba a todo.

Durante un tiempo fui uno de esos globos desinflados. Ninguno de mis proyectos terminaba de cuajar. Me dominaba la indecisión y las malas pulgas. Me precipitaba, abandonaba, volvía a empezar, dormía poco, procrastinaba y me sentía insatisfecha, inútil. Habitaba en un bucle y me odiaba por ello.

Entonces empecé a escuchar audios sobre desarrollo personal mientras trabajaba. Poco a poco mi actitud cambió. Simplemente decidí ser feliz. Parece algo tonto ¿verdad? Pero no lo es en absoluto. Aunque, mira tú por dónde, creo que ser feliz está mal visto. Te tachan de happyflower, de vivir en los mundos de Yupi -si fuiste a EGB sabrás qué es eso-, de ser presa de alguna secta maliciosa o, peor aún, de ser una moñas.

Pero cuando te sientes feliz -y esto no es consecuencia de nada externo, insisto, sino de una determinación personal- dejas de perder el tiempo en preocuparte por el futuro y sentirte culpable por acontecimientos del pasado, o en estar con personas que te roban la energía, hacer cosas que no contribuyen a esa felicidad, quejarte, comprar objetos para sentirte bien, criticar a tus vecinos o decir que sí a planes solo por compromiso.

¿Sabes cuántos minutos y horas supone todo eso? Yo lo calculé. Durante una semana anoté todo lo que hacía cada hora excepto durante el sueño, no vayas a pensar que estoy tan loca. Después sumé el tiempo “improductivo”. El resultado fueron algo más de treinta horas en total. ¡Casi tanto como mi semana laboral! Eso hizo un click en mí. Siempre quejándome de que mi trabajo me quitaba tiempo cuando en realidad era yo misma quien me lo estaba negando. Ya no tenía excusas.

Te animo a que lo calcules tú también. Descubrirás que tienes tiempo para aprender, iniciar proyectos, cuidar tu cuerpo y tu mente, leer un par de libros al mes, pararte a conversar, dejar ir un metro -total, pasa otro en cinco minutos-, detenerte a hacer una foto solo porque hay una luz bonita.

Es después de ser consciente de ello cuando entran en juego las herramientas de productividad. Eso sí, con sentido común y sin obsesionarse. Si me aceptas un consejo te recomiendo que las utilices para hacer el bien. Trata de compensar los objetivos profesionales y los personales. No queremos más workahólicos en el mundo, ¿verdad?

Tus herramientas de productividad serán las que a ti te funcionan. ¿Eres de anotar en un cuaderno o en Evernote? En el fondo da lo mismo. Lo importante es tener un propósito y marcarte objetivos que puedas cumplir de forma realista.

Por ejemplo. Yo divido las tareas en bloques semanales o diarios. Así puedo enfocarme más que si cada día hago varias cosas diferentes. Tengo una mayor sensación de continuidad. Y es que, por mucho que digan sobre que las mujeres somos capaces de hacer varias cosas a la vez, en mi caso no es cierto. Soy de todo menos multitarea.

Una semana me enfoco en escribir. La siguiente la empleo en mi formación o en proyectos paralelos, otra la dedico a mejorar el blog. Es una forma de trabajar que me resulta cómoda y tengo la sensación de avanzar a buen ritmo. Como te digo, esto es algo personal. Las guías sobre productividad están bien pero debes experimentar hasta que encuentres tu ecosistema de trabajo óptimo.

Recuerdo que cuando comencé el blog me costaba mucho ponerme a escribir. Con la práctica eso mejora pero, hasta que no descubrí que me encanta escribir en la cama la cosa no comenzó a fluir de verdad. Ya ves. Seguro que eso no aparece en ninguna guía.

También me gustaría destacar la importancia de mantener el foco en aquello que llevas a cabo. Si te dispersas o no te sientes enfocado sospecha. Tal vez no sea lo que quieres hacer en realidad o los motivos no nacen de tu ser sino del exterior. A veces pensamos más en que nos admiren o en ganar dinero que en lo que realmente necesitamos. Mantente alerta ante eso.

Mira, cuando me atasco o me siento a punto de entrar en modo globo desinflado hay tres frases que me repito como si fueran mantras:

“Menos es más”

“Dedícate a lo importante antes que a lo urgente”

“Da cada día un paso, por pequeño que sea”

La excusa de “No tengo tiempo” es una de las más trilladas. Y debes saber que es poco original. Por otra parte no sirve de nada hacer muchas cosas si estas no contribuyen a tu felicidad. Debes tenerlo en cuenta.

Cuida de que tu globo esté a tope de helio y bien atado cuando sales de casa por la mañana. De esta forma te elevarás con suavidad a lo largo del día y cuando llegue la noche habrás llegado más alto que el día anterior.

Dime. ¿Qué opinas de todo esto? ¿Atas bien el nudo cada mañana o te sientes a veces como un globo deshinchado? Puedes contármelo en los comentarios.

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5 comments on “Los globos desinflados y el arte de la productividad feliz

  1. Me ha encantado como siempre.

    Totalmente de acuerdo, yo reconozco que aún lo paso mal muchos días con esa sensación de estar tirando el tiempo.

    Y desde la percepción de ese momento, es totalmente cierto, pierdo muchísimo tiempo divangando entre pensamientos improductivos…

    Hace poco que estoy trabajando para mí mismo y muchas veces aún echo de menos que me pongan el horario. La autogestión es una de las cosas más difíciles que estoy viviendo.

    Ahí voy.

    Un abrazo!

    • Te creo, Kiko. Por lo que sé es una de los aspectos más difíciles cuando trabajas para ti. Pero eso también es un aprendizaje, y seguro que según vayas experimentando distintos métodos y estudiando tus biorritmos irás encontrando la dinámica ideal. Es un cambio decisivo pero terminarás adaptándote. Lo importante es que ya estás en ello. ¡Enhorabuena!

  2. Si hace dos mil años que lo dijo Séneca… ya es hora de ir integrando, jajajaj

    Gracias 😉

  3. Jo, pensarás que siempre te pongo lo mismo, pero como siempre, me encanta!

    Yo también soy feliz, hace mucho que decidí ser feliz y me encanta. Y lo que digan o piensen no es mi problema.

    Un abrazo muy grande y sigue haciéndolo así de bien!

    Me encanta leerte!

    • Esa es una buena decisión, Lorena. Me alegro de que cada vez seamos más. ¡Muchas gracias por tu comentario!

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